jueves, 9 de agosto de 2012

Revolcándome conmigo mismo

Y ahí estaba mi mujer… Defendiendo lo que era de ella.

- ¿Crees que tienes razones muy buenas para ofrecerle a este imbécil? – le decía Beatriz a mi mujer.

- Obvio que las tengo. Este imbécil es mío y sólo mío, claro que tengo razones.

- Chicas las estoy oyendo – les dije un poco avergonzado.

- Lo que tengo acá son dos grandes razones, perra – gritaba mi mujer mientras se apuntaba las tetas

- Bueno, ahora no las tendrás porque te las arrancaré, ¡maraca!

 Y ahí fue cuando se armó la pelea. Se siente bien que peleen por uno. Sé que no soy la gran cosa ni nada, pero debo tener algo especial para que estos dos bombones se estén agarrando a cachetadas por mí. Si que fue raro, así que me cansé y me mandé a cambiar, que siguieran peleando nomás, yo tenía cosas más importantes que hacer. Claro, como seguir escribiendo mi novela, así que pensando de esta forma me fui rapidito para mi casa. Lo que nunca pensé que iba a pasar era que en el camino me iba a encontrar con un peludo perrito rogando por ayuda, o no sé si rogando, pero lo que sé es que estaba agonizando. Lo que más pude notar era que tenía la pierna agarrada de una rama con púas y los ojos perdidos. Yo en el instante también me sentí perdido. Me sentí vacío y en blanco. En shock. ¿Cómo ayudar al perrito? No tengo formas de hacerlo. Estoy solo y con grandes problemas para poder comunicarme con alguien más. Vaya que lío. Lo miré unos instantes y arranqué un camino veloz hacia la esquina. Al llegar me detuve y miré nuevamente hacia atrás, luego miré al cielo, fruncí el seño y volví al lugar. Traté de animarlo y hacerle señas pero creo que el perro tenía una pelea interna consigo mismo. Se notaba que no quería ayuda alguna, él se las arreglaría solo y por lo tanto no necesitaba que un inseguro como yo fuera en su auxilio. Nuevamente caminé veloz pero esta vez no me detuve en la esquina, sino que llegué hasta una calle vecina y tomé un colectivo. ¿$550 el pasaje?, estos imbéciles cada vez se ponen más careros. Le entregué el dinero al conductor y comencé a escuchar música, oír a John Coltrane me inspiraba en demasía, y lo que más necesitaba ahora era buena inspiración para escribir mi novela. En la esquina siguiente una muchachita se subió e iluminó el auto en general, digo esto porque al abrir la puerta del colectivo donde iba inmediatamente se encendía una luz. Si que era hermosa la chiquilla, debía haber tenido unos veinte años. Esto obviamente lo supuse. Siempre cuando veo a una muchacha linda por ahí mi edad promedio para ella es de veinte años. Una sola mirada y la dejé loco, estoy seguro. Eso sí lo raro fue que después la miré por la ventanilla y ella no dejaba de mirar para afuera, pero bueno, sólo son detalles. Al bajarme la miré nuevamente y esta vez si me miró, era demasiado guapa, muy guapa diría yo. Lo penca de todo esto es que se bajaba unas cuadras más de donde me bajé yo así que en ese instante me di cuenta de que en menos de media hora había perdido a un perro callejero y a la chica guapa del colectivo. Que idiota, siempre pierdo las grandes cosas que van apareciendo en mi vida. Apenas las logro obtener, se extinguen a la velocidad de la luz y ahí quedó yo mirándome el pupo, sintiendo que cada noche tengo sexo conmigo mismo, y lo peor de todo es que es sin amor. Abrí el portón de mi casa y mis dos perros galgos me salieron a recibir, ambos eran fortachones y atractivos. Ambos se me lanzaron encima y me lamieron por completo. Por fin estaba en casa y me sentía bien porque ya tenía en mi poder una historia que escribir. No tanto por lo del perro ni por lo de la muchacha, sino porque cuando llegué a mi casa me encontré con mi mujer totalmente desnuda y esperando con ansias mi aparición. Había salido victoriosa contra Beatriz y ahora se encontraba calentona, y obvio, yo también lo estaba. Me desnudé y me acurruqué junto a su culo. Ahora sí que tenía una verdadera historia que escribir. Las verdaderas historias se escriben desnudos en una cama desprolija junto a la mujer de tu vida apunto de hacer el amor. Las buenas historias de hecho hablan sobre una buena cogida o de cuanto tiempo te estuviste cabalgando a tu pareja. O sino, ¿de qué mierda estamos hechos por dentro me pregunto? Sexo, sexo, sexo… Que alguien venga y me enseñe a escribir sobre algo más, o mejor dicho, que alguien venga y me de una buena mamada, ya van más de dos meses que no cojo y las bolas me están llegando a la garganta.

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